El 31 de agosto de 1899 nació Ramón Alfredo Muttis, el defensor que convirtió la robustez en arte y la lealtad en bandera. Con 237 partidos vestido de azul y oro, un Sudamericano en el pecho y el apodo de “el Fuerte” a cuestas, su figura sigue erguida en la memoria del fútbol argentino.
Había en Ramón Muttis algo de roca antigua. No era solo un zaguero: era la certeza de que, detrás de la línea del medio, nada pasaría sin permiso. Empezó en Wanderers, pasó por Atlanta —donde conquistó la Copa de Honor de 1920— y en 1923 llegó a Boca Juniors, el mismo año en que debutó en la selección. Allí se quedó una década, diez temporadas que le alcanzaron para levantar cinco títulos de Primera (1923, 1924, 1926, 1930 y 1931), dos Copas Ibarguren, la Jockey Club de 1925 y la Estímulo de 1926.
Con la albiceleste fue campeón del Sudamericano de 1925 y subcampeón al año siguiente. En el Mundial de 1930 jugó un solo partido, contra Francia, pero alcanzó para quedar en la historia del equipo que terminó segundo. Se retiró en 1932, volvió en 1936 con Argentinos Juniors y después, como jugador-entrenador de Almagro y técnico de Argentinos, siguió sembrando títulos de ascenso.
Murió el 12 de enero de 1992, pero cada 31 de agosto regresa la imagen de aquel hombre que no necesitaba gritos ni adornos: bastaba su cuerpo plantado en el área para que el rival entendiera que había llegado hasta donde se podía. Ramón el Fuerte no solo defendió un arco: defendió una idea de fútbol.
